Legitimar los procesos de paz, ¿objetivo político de Francisco en Colombia?

El proceso de paz culminado con las Farc y las negociaciones con el Eln contaron con el apoyo de Francisco desde el principio. Con su visita, el Papa busca unir al país hacia ese mismo objetivo común.

Juan Manuel Santos y Francisco, en su reunión en el Vaticano. Foto: Cortesía.

La visita del Papa Francisco a Colombia es el tema por estos días en el país: los recursos invertidos para la logística de los eventos, la coyuntura política en vista de los casos de corrupción recientemente develados y las problemáticas consecuentes de la crisis en Venezuela.

Sin embargo, la llegada del Obispo de Roma cumple funciones políticas adicionales, pues, tal y como lo explica Olmer Muñoz Sánchez, docente de la Facultad de Ciencias Políticas de la Universidad Pontificia Bolivariana, “es un jefe de Estado”, y por ende, su visita sería política, tal cual lo reflejan las recientes declaraciones del Ministro de Interior colombiano.

La paz como principio

El Papa llega a Colombia pocas horas después de que el Gobierno nacional, en cabeza de Juan Manuel Santos, anunciara que a partir del próximo 1 de octubre iniciará el cese al fuego bilateral con el Eln, así como la posibilidad de que el Clan del Golfo se someta a la justicia.

Por ende, su visita podría contener un tinte político, en vista de su personalidad, antecedentes y claro interés por la estabilidad en la región (Contextualice: Erradicar la pobreza, el mensaje papal en Latinoamérica).

“La visita del Papa es pastoral, por lo que es una expresión de la Iglesia de hacer extensiva la evangelización y traer un mensaje de reconciliación al país”, dijo Muñoz, quien, no obstante, le otorgó intereses políticos a la misma. “Por un lado, está la coyuntura del proceso de paz, que marca una tendencia desde el Gobierno Nacional y del Santo Padre muy definida. Y en las ciudades que visitará, también enviará un mensaje a América Latina y, especialmente, a Venezuela”, manifestó el experto, referenciando las declaraciones papales frente a la situación en el vecino país, a cuyo Gobierno ya instó a no hacer efectiva la Asamblea Constituyente, decisión que ha traído enorme división en la república bolivariana.

“La Santa Sede manifiesta nuevamente su profunda preocupación por la radicalización y el agravamiento de la crisis en la República Bolivariana de Venezuela, por el aumento de los muertos, de los heridos y de los detenidos”, manifestó Francisco el mes pasado.

Pero, frente a los procesos de paz en Colombia, Francisco ha sido igual de claro: su apoyo antes del plebiscito del año anterior lo demuestra, pues incluso exhortó a votar a favor de la paz y el cese del conflicto con las Farc, proceso refrendado por el Gobierno a través del Congreso ante la negativa popular.

“En la negociación con las Farc y en la que se viene con el Eln, será fundamental el apoyo del Papa exhortando a que se dé un acuerdo rápido y que vengan soluciones en materia humanitaria: secuestrados, niños reclutados, prostitución en las filas de la insurgencia y el desplazamiento forzado“, señaló Muñoz.

Por su parte, Catalina Granda Carvajal, profesora de la Facultad de Ciencias Económicas de la Universidad de Antioquia, considera que “la visita [del Papa] será importante para el proceso de paz con las Farc y las negociaciones con el Eln”, ya que su presencia “puede facilitar el acercamiento, ya que él ha abogado por la resolución de este tipo de conflictos”, explicó la docente.

Como punto coyuntural estarían los orígenes del Eln, cuya connotación religiosa permitiría dar un valor agregado a la visita papal. El Eln desde sus orígenes tiene un componente religioso, pues su ideología se basa en la Teología de la Liberación, planteada por sacerdotes jesuitas” (Jorge Bergoglio también es jesuita).

Esta ideología de Teología de la Liberación hizo eco en los años 60s y 70s en las naciones latinoamericanas, auspiciando y apoyando ideológicamente el nacimiento de varios grupos subversivos en países de Centroamérica y Sudamérica, entre ellos el Eln en Colombia, cuya bandera era el trato preferencial hacia los pobres y, ya permeado por ideas políticas, la lucha de clases.

Ante tales razones, Granda no dudó en considerar que la visita papal “es un gesto amistoso” en el contexto del anuncio de cese al fuego entre Gobierno y Eln.

Limar asperezas entre líderes políticos en un país polarizado, aunar esfuerzos por defender la democracia en Venezuela y reunir a los principales líderes en torno al ideal católico con el fin de perseguir la paz, son los otros elementos políticos que caracterizan la visita papal a Colombia.

Derrama económica y turismo religioso

Como aspecto adicional, el Sumo Pontífice traerá tras de sí miles de extranjeros cuya visita dejará mucho dinero en las economías emergentes de América Latina, entre esas Colombia.

“En el caso colombiano, él nombrará un nuevo beato y eso también atraerá turistas a la región, pues el turismo religioso ya se ha visto fortalecido acá con la canonización de la madre Laura”, explicó la profesora Granda.

No obstante, los beneficios se verían de manera más inmediata. En Medellín, la peregrinación católica dejará, por lo menos, 22 millones de dólares de derrama económica en la ciudad; sólo la hotelería tendrá una ocupación estimada superior al 90%, comparable únicamente con la Feria de las Flores, celebrada hace un mes.

Y es que cerca de 180.000 personas arribarán a la capital de Antioquia para ver al Sumo Pontífice, entre connacionales del Eje Cafetero y la Costa Atlántica, principalmente, así como extranjeros de México, Perú y Ecuador (Lea también: Agenda del Papa en Medellín, casi lista para la visita el 9 de septiembre).

En un ambiente que huele a recesión, el Papa dejará en las demás ciudades una derrama similar (siendo la más alta en Bogotá, donde se aspira a 50 millones de dólares), que permitirá desahogar financieramente a ciertos sectores y potenciar el turismo como una fuente de ingresos importante para el Producto Interno Bruto de Colombia.

Acerca de David Esteban Álvarez Ortiz

David Esteban Álvarez Ortiz
Soy periodista, locutor e historiador en formación. Aficionado a la cocina, al cine, al fútbol y al baile, creyente de la educación como motor de cambio. Redactor de economía y derechos humanos.

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