Abandono en los hospitales, una problemática más común de lo que se piensa

Los habitantes de calle y los ancianos, son las poblaciones con más abandonados en los hospitales.

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Por lo general, las personas que están en abandono son personas en situación de calle, adultos mayores y jóvenes con problemas de adicción. Foto: ARCHIVO

Muchas personas son hospitalizadas día a día en los centros médicos del país y algunos de ellos se quedan internados durante varios meses porque son abandonados por sus familiares. ¿Cómo actúan estos centros en estas situaciones?

“Lo primero que hacemos es localizar la red de apoyo familiar, que no necesariamente tiene que ser el papá, la mamá o los hijos, para que puedan hacerse cargo de esa persona, a quien se le dio de alta”, aseguró la trabajadora social Dioselina Vergara Muñoz, del programa de Participación Social de Metrosalud.

En varios casos, cuando se ubican a los familiares y ellos se rehúsan a acoger al paciente (sólo si es un anciano), se recurre a la red de apoyo social para que se encuentre un albergue de bajo costo que lo pueda recibir.

Las razones más frecuentes por las que se abandonan personas en los hospitales y clínicas, son las siguientes: “Los familiares creen que no merecen cuidado, es considerado mal padre, madre o hijo; la convivencia es complicada o sus cuidados son muy especiales”, según Vergara Muñoz. Para todos estos casos, los hospitales y clínicas tienen personal de trabajo social que acompañan este proceso.

Según la trabajadora social, a partir de estos casos el equipo de trabajo social de las clínicas y los hospitales trata de llegar a un acuerdo con el familiar que se ubique y, de esta manera, se le brindan opciones para que, por ejemplo, se ponga a la persona que recién salió del hospital en un lugar económico dónde lo puedan cuidar.

En caso tal de que la respuesta sea negativa, se procede a una red de apoyo social en la que, junto con la Secretaría de Inclusión Social, se le brinda cuidado al paciente y se lleva a un albergue que pueda cuidar de él. Aunque para estos casos, hay una lista de espera que puede llegar a prolongarse entre dos y tres meses.

“Si la persona tiene una muerte natural, se procede a activar la ruta para la partida de defunción, y mediante el programa de Entierros Sociales y con apoyo de la Funeraria San Vicente y el Cementerio Universal, se le da cremación y posterior sepultura”, aseveró la Trabajadora Social del programa de Participación Social de Metrosalud.

Por el contrario, si la muerte es violenta, no se puede proceder a cremar o enterrar al reciente difunto, por lo que se entrega el cuerpo a Medicina Legal, que es la única entidad que puede guardar estos cuerpos.

Germán Reyes Forero, presidente de Asmedas (Sindicato de Médicos de Antioquia), aseguró a este medio que: “La función del médico está en brindar un diagnóstico, seguir la historia clínica y dar de alta. Hasta ahí llega su capacidad de decisión por un paciente y por esto hay un personal que trabaja porque se propicien los derechos a estos pacientes”.

Por otro lado, Dioselina Vergara reconoció a este medio que se han presentado con gran regularidad estos casos en las Unidades de Atención de Castilla, Santander, Belén y Buenos Aires (cuando esta existía).

Actualmente, en la Unidad Hospitalaria de Belén, se tienen tres pacientes que llevan dos meses y medio en estas condiciones y esperando a que se puedan ubicar en un albergue que brinda la Secretaría de Inclusión Social.

Aunque la mayoría de casos se presentan en adultos mayores y jóvenes, también se han dado casos de niños abandonados, quienes son atendidos desde el Instituto Colombiano de Bienestar Familiar (ICBF), que le brinda atención integral a esta población.

Así las cosas, esta es una problemática vigente en la ciudad que tiene atención desde los centros hospitalarios, pero no un plan de acción para erradicarse.

Acerca de Johana Betancur Zapata

Johana Betancur Zapata
Comunicadora social y periodista de la Fundación Universitaria Luis Amigó. Dios, mi familia y mi carrera profesional son lo más importante en mi vida. Cinéfila, melómana, con excelente retentiva, soñadora y muy risueña.

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