Ser silletero, un contrato de herencia familiar que le da cara a una ciudad

Para ser silletero es necesario heredar el contrato de un familiar.

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La familia LOndoño es una de las más reconocidas en Santa Elena. Foto: EL PALPITAR.

A lomo de espalda y desde las escarpadas montañas del oriente de Antioquia, bajaban los silleteros hasta la ciudad de Medellín, primero, con personas que cargaban, luego con flores, frutas y hortalizas y hoy con los majestuosos adornos que vemos desfilar en la Feria de las Flores.

En 2015 se cumplen 58 años del Desfile de Silleteros, evento que antecedió, incluso, a la propia feria que empezaría varios años más tarde. Sin embargo, vale la pena preguntarse cómo ha cambiado la tradición y cómo viven las familias silleteras este evento.

De vender flores a ser el símbolo de la ciudad

Con un sol fuerte, de esos picantes que ponen las mejillas coloradas y una brisa fría que contrasta con el calor del medio día, se presenta Santa Elena, uno de los cinco corregimientos de Medellín y que es conocido como la cuna de esta tradición.

En la década de los 40 y casi todo el decenio de los 50, los campesinos de Santa Elena salían en las madrugadas de sus casas y caminaban hasta Medellín en donde vendían sus flores y hortalizas en los barrios o las plazas de mercado. Pero fue en el año 1957 cuando Arturo Uribe Ángel decidió salir con diez silleteros a las calles de Medellín, entre ellos se contaban a los abuelos de las familias Atehortúa y Londoño.

Y aunque la función de la silleta ha cambiado con el paso de los años, las personas luchan por conservar su tradición y transmitir a las nuevas generaciones su amor por lo que fue su sustento y hoy se presenta como la labor que da cara a la ciudad de Medellín en el mundo.

La previa al desfile dura todo un año

“Yo suelto la silleta e inmediatamente estoy pensando en lo que voy a hacer para el otro año”, dice Martín Atehortúa, que si bien es Comunicador Social de profesión, se presenta como silletero. Su padre Martín Emilio, de las 45 ocasiones en que ha concursado, ha sido ganador en 38 oportunidades.

Por su parte, la familia Londoño aunque lleva solo 14 años concursando, ya se jacta de haber sido premiada como ganador absoluto en tres oportunidades, número de títulos solo igualado por los Atehortúa y por el que comparten lazos, no solo tradicionales, sino también de reconocimiento.

Ambos coinciden en algo, si bien el elaborar la silleta completa puede tomar entre dos y tres semanas, todo el año la familia está en función de lo que será el próximo desfile. “Ni siquiera un día de madres o una navidad nos une a todos como lo hace esto”, expresó Felipe Londoño.

La transformación del corregimiento

Aunque los habitantes de Santa Elena son los únicos que pueden participar en el desfile de silleteros, el sustento económico del corregimiento cambió con todos los proyectos y obras que se iniciaron en su territorio.

Si antes los jardines de las casas se usaban para el cultivo de flores y frutas, ahora muchos de ellos han cambiado para dar paso a espacios de fincas de recreo que reciben a los turistas. Santa Elena pasó de ser un corregimiento agrícola a tener que capacitarse en la oferta de servicios.

Pese a los cambios, hay un común denominador en torno a lo que significa ese pedazo de Medellín en el oriente del Valle del Aburrá: mantener la tradición silletera y crear conciencia a cerca de lo que representan no solo para la ciudad o el país, sino para el mundo.

“Vos vas a las ferias de otras partes del país y encontrás cabalgatas, comparsas, fiestas taurinas, cosas que se repiten en muchas otras festividades del mundo, pero solo en Medellín podés ver un desfile de silleteros, esto es único”, expresó Felipe Londoño, quien reconoce que el contexto social ha forzado la transformación, cree firmemente que la herencia se puede mantener.

Llegar a Santa Elena por estos días implica toparse con la cordialidad de la familia Atehortúa en la vereda El Placer, conocer a tres generaciones de silleteros y ver las flores ornamentales que cuelgan de las materas en las entradas de sus casas.

Un par de kilómetros más adelante, los Londoño llenan Barro Blanco, sus propiedades reciben a los turistas que quieren ver cómo se hace una silleta y hasta una presentación escénica se idearon para ilustrar un poco de historia.

Sí, la Feria de las Flores representa, quizá, uno de los movimientos financieros más importantes para la ciudad en tanto cada año aumentan los turistas y la programación se nutre; pero hay algo que no va a cambiar pese a las multitudes de extranjeros que a veces no permiten a los propios disfrutar de las actividades: el Desfile de Silleteros es el evento central y en tanto haya hombres, mujeres y niños dispuestos a cargar hasta 80 kilos de peso en sus espaldas, no desaparecerá.

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Familia Atehortúa, de la vereda El Placer. Foto: EL PALPITAR.
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Foto: EL PALPITAR.
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Familia Londoño. Foto: EL PALPITAR.

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